martes, 31 de mayo de 2016

Restaurante Tarradellas - Cieza


En una escapada rápida a Cieza podemos ver la asombrosa floración de los frutales, en los meses de febrero y marzo. Una policromía dónde cerezos, albaricoqueros y, sobre todo, los melocotoneros ciezanos tiñen el paisaje, creando un gran, aunque efímero, espectáculo visual. También podemos viajar en el tiempo a España Andalusí del siglo XII en el yacimiento arqueológico de Siyâsa o competir en el campeonato del mundo de lanzamiento de huesos de oliva “chafá” en el “huesódromo”. Para los interesados, el record del mundo está la distancia de 21 metros con 32 centímetros. Aquel que supere dicha distancia, tendrá el orgullo de convertirse en Caballero de la Orden de los Caballeros Lanzadores de Huesos. Vamos, que de golpe y huesazo, uno entra en la más distinguida nobleza. 


Y después de hacer todas estas cosas u otras distintas. ¿Dónde nos vamos a comer? Nosotros elegimos para la ocasión el restaurante Tarradellas, aunque Gomis o la Casa Carreño también son buenas opciones. En esta ocasión fue el portal Trip Advisor quien decidió por nosotros. Casi a la sombra de La Deseada, la centenaria plaza de toros de Cieza y sin muchos problemas para aparcar los coches, llegamos con el calor justo, o incluso de más, y a la hora en punto para tomar una cervecita fresca. 


Manteles de algodón rojo y blanco, sillas color nogal, y una gran cava de vinos repleta, nos da la bienvenida al espacioso salón. Con la primera cerveza un plato de olivas ciezanas. Aquí no vamos a lanzar los huesos, aunque podríamos ir entrenando. Con la segunda, pedimos un par de platos de pulpo aliñado con pimentón y aceite. El tamaño de los trozos era medio, aunque trajeron más trozos de los que posteriormente cobraron. Con la tercera, otro par de platos de calamares a la plancha con salsa verde opcional. Una comanda muy convencional por nuestra parte, pero es que estaba en clara minoría. De todos los entrantes, el que más me gustó fue la croqueta, más bien croquetón, de marisco, con una crema de piquillos y huevas de mújol. Muy sabrosa.

Aunque lo mejor de Tarradellas no está solamente en la variedad de los entrantes, sino en la continua renovación que hacen de estos. Sobre todo en los menús que elaboran para eventos puntuales, como cenas maridadas. Huevo escondido, envuelto en un saco de pasta brick, alcachofas Tarradellas con almendras, brocheta de tomate, bonito, kiwi, fresa y huevas, mousse de atún, o zamburiñas gratinadas con emmental.


En los principales, como la mayoría conservadora eligió carne, pedimos un vino tinto de la tierra, de la tierra de Jumilla, Pío del Ramo, un crianza de 2011. Entrecot de ternera con verduras, chuletas de cordero o solomillo con manzana braseada y arándanos al Pedro Ximénez (en ocasiones). 

Los que nos fuimos a por el pescado, acertamos con el bacalao confitado acompañado de una crema de mejillones. La decoración del plato era un poco barroca, mariposa de plástico incluida, pero eso no menoscababa el delicioso sabor. Extra de pan, que no cobran, para sopar. Está claro que los que elegimos el pescado, una vez más, triunfamos sobre los depredadores.


El servicio en todo momento fue muy profesional. Paciente, discreto y servicial. Esperando cuando tenía que esperar, aconsejando y aclarando nuestras dudas. Un punto más para Tarradellas. 

Los postres fueron quizás lo más flojo de la comida. No podíamos dejar de probar el postre más típico, el huevo molé. Un pastel con forma de huevo que recuerda ligeramente a la tortada murciana. Base de bizcocho borracho, crema pastelera y todo cubierto por un merengue quemado. Muy decorado con nata y siropes varios que desvirtúan ligeramente el sabor. También probamos la tarta de turrón y el pan de Calatrava. Buenos, pero de nuevo el sirope de fresa, la crema y la nata hacían acto de presencia en la decoración. Señores cocineros. Hubiera estado bien un postre con melocotón como el capricho de queso y melocotón con crema inglesa, pero sin tanta decoración. No es obligatorio que todos los postres lleven sirope. Incluso la nata es prescindible. Hay incluso quien la detesta.

Huevo Molé.

En conclusión, una buena cocina, muy buen servicio, un ambiente acogedor y agradable, y un precio más que interesante, 30 euros por cabeza, hacen que el restaurante Tarradellas sea una buenísima opción para comer en Cieza.


Restaurante Tarradellas.
C/Quevedo 21, Cieza.
Telf. 868962233.


domingo, 1 de mayo de 2016

Gastrobar A Bombo y Platillo - Alcantarilla.








La pasada semana nos apetecía cambiar de aires, y nos fuimos a Alcantarilla para cenar en el gastrobar A Bombo y Platillo. De vez en cuando, viene bien salir a ver que se cuece por los fogones cercanos. El nombre del restaurante, comenta Joaquín Reyes en la Revista Gastrónomo, es fruto de la fusión del nombre con el que es conocida la familia de Francisco, el cocinero y propietario, “los Bombo” con el menaje de cocina. Las referencias que nos habían dado eran numerosas y bastante buenas, tanto del local como del cocinero Francisco Pellicer, quien fuera el ganador del III Certamen de Jóvenes Cocineros de la Región de Murcia.

Cremoso de Foie con gelatina de ron-cola
Tras un corto paseo desde la calle Mayor, llegamos a una muy ambientada plaza Adolfo Suarez. Habíamos descartado la terraza. Cada día, a mi pesar, estoy más en contra de las terrazas para comer o cenar. Es verdad que el ambiente puede ser más agradable, pero la climatología, tanto el frío como el calor y sobre todo, cuando los hosteleros se saltan la ley antitabaco por favorecer a algunos clientes perjudicando a otros, como nos pasó hace poco con desagradable incidente en la cafetería Caña Aquí de Murcia. Entramos en A Bombo y Platillo y nos encontramos una pared blanca, inmaculada, decorada, originalmente, con unas cucharas soperas. -Aquí se cuece algo-. Al fondo, una pequeña cava de vinos de cristal y acero y una decoración moderna, un poco fría que sumada a las luces artificiales de los LED azules, en algunos momentos nos traslada sensorialmente a un quirófano hospitalario. Además de ser incompatibles con mi Smartphone “made in China”. Sillas de madera, manteles de celulosa y unos curiosos centros de mesa en forma de nidos de lana y unos botes de conserva de cristal cuya etiqueta es una receta de cocina.

Re-jos Chilli Pipas.

Aprovechando que se está celebrando la quinta ruta de la tapa de Alcantarilla y mientras decidimos la comanda, nos hidratamos con un quinto de Estrella de Levante y catamos la tapa que han creado para la ocasión llamada Re-Jos Chilli Pipas. El rejo son los tentáculos de pota que sirven en vaso, sobre una cama de morcilla de verano, con una salsa de chili y acompañada de una galleta crujiente de arroz y pipas. La cosa empezaba bien. Mi voto para esta tapa.
Canelones de pato y mostaza.
La idea, como casi siempre que vamos a probar algún sitio nuevo, era compartir el mayor número de tapas posibles, y ofertas con nombres como caballitos desbocados, invitan a hacerlo. Empezamos, o mejor dicho, continuamos con el cremoso de foie con gelatina ron-cola. Una versión del ya quinceañero cubalibre de foie gras de Dacosta. Muy rico, aunque un poco cargado de ron el cubalibre. He visto en fotos que las suelen decorar. En “The Murcia List” describen la decoración con flores y sal Maldon. Con nosotros no se curraron lo más mínimo. –Pura envidia. También pedimos una completísima ensalada con mézclum de lechugas, tomates cherry, maíz, huevo duro, pipas de calabaza, piñones, atún y pipas de girasol, que recuerde. Hacía tiempo que no tomaba una ensalada tan cargada. Como no conocíamos mucho el terreno que pisábamos, y la camarera no nos era de mucha ayuda, ya que a ella todo le parecía buenísimo. En un ataque conservador pedimos las croquetas caseras de pollo, que merecen la pena, y para contrarrestar ese conservadurismo, la opción atrevida fueron unos deliciosos canelones crujientes, con pasta brick, de pato y mostaza. Más que un canelón, parece que es un rollito. Terminamos las tapas con unos bastones de berenjenas con miel de caña y unas alcachofas rellenas cubiertas de queso y gratinadas.


Pensábamos terminar a lo grande cuando vimos en la carta leche frita. Automáticamente nuestra materia gris comenzó a asociar, leche frita más cocinero revelación. Aquí no hay quien comparta. Yo quiero un crujiente de leche frita con helado de turrón para mí solo. Los demás que hagan lo que quieran. Ante tan altas expectativas, el resultado fue decepcionante. Aunque admito que fue exclusivamente culpa mía por presuponer como debía de ser. La leche frita envuelta en pasta brick, como los canelones de pato, rebozado en azúcar y acompañado de un muy industrial helado de turrón. Qué pena que terminemos tan desilusionados lo que tan bien empezó, aunque quedémonos con lo bueno de la velada, la tapa que concursa en la ruta de la tapa, y la moderna oferta gastronómica que propone Francisco Pellicer a un precio muy razonable.
 
Crujiente de leche frita.

Gastrobar A Bombo y Platillo.
Pl. Adolfo Suárez, 7. Alcantarilla.
Telf.: 868 05 17 28.