domingo, 1 de mayo de 2016

Gastrobar A Bombo y Platillo - Alcantarilla.








La pasada semana nos apetecía cambiar de aires, y nos fuimos a Alcantarilla para cenar en el gastrobar A Bombo y Platillo. De vez en cuando, viene bien salir a ver que se cuece por los fogones cercanos. El nombre del restaurante, comenta Joaquín Reyes en la Revista Gastrónomo, es fruto de la fusión del nombre con el que es conocida la familia de Francisco, el cocinero y propietario, “los Bombo” con el menaje de cocina. Las referencias que nos habían dado eran numerosas y bastante buenas, tanto del local como del cocinero Francisco Pellicer, quien fuera el ganador del III Certamen de Jóvenes Cocineros de la Región de Murcia.

Cremoso de Foie con gelatina de ron-cola
Tras un corto paseo desde la calle Mayor, llegamos a una muy ambientada plaza Adolfo Suarez. Habíamos descartado la terraza. Cada día, a mi pesar, estoy más en contra de las terrazas para comer o cenar. Es verdad que el ambiente puede ser más agradable, pero la climatología, tanto el frío como el calor y sobre todo, cuando los hosteleros se saltan la ley antitabaco por favorecer a algunos clientes perjudicando a otros, como nos pasó hace poco con desagradable incidente en la cafetería Caña Aquí de Murcia. Entramos en A Bombo y Platillo y nos encontramos una pared blanca, inmaculada, decorada, originalmente, con unas cucharas soperas. -Aquí se cuece algo-. Al fondo, una pequeña cava de vinos de cristal y acero y una decoración moderna, un poco fría que sumada a las luces artificiales de los LED azules, en algunos momentos nos traslada sensorialmente a un quirófano hospitalario. Además de ser incompatibles con mi Smartphone “made in China”. Sillas de madera, manteles de celulosa y unos curiosos centros de mesa en forma de nidos de lana y unos botes de conserva de cristal cuya etiqueta es una receta de cocina.

Re-jos Chilli Pipas.

Aprovechando que se está celebrando la quinta ruta de la tapa de Alcantarilla y mientras decidimos la comanda, nos hidratamos con un quinto de Estrella de Levante y catamos la tapa que han creado para la ocasión llamada Re-Jos Chilli Pipas. El rejo son los tentáculos de pota que sirven en vaso, sobre una cama de morcilla de verano, con una salsa de chili y acompañada de una galleta crujiente de arroz y pipas. La cosa empezaba bien. Mi voto para esta tapa.
Canelones de pato y mostaza.
La idea, como casi siempre que vamos a probar algún sitio nuevo, era compartir el mayor número de tapas posibles, y ofertas con nombres como caballitos desbocados, invitan a hacerlo. Empezamos, o mejor dicho, continuamos con el cremoso de foie con gelatina ron-cola. Una versión del ya quinceañero cubalibre de foie gras de Dacosta. Muy rico, aunque un poco cargado de ron el cubalibre. He visto en fotos que las suelen decorar. En “The Murcia List” describen la decoración con flores y sal Maldon. Con nosotros no se curraron lo más mínimo. –Pura envidia. También pedimos una completísima ensalada con mézclum de lechugas, tomates cherry, maíz, huevo duro, pipas de calabaza, piñones, atún y pipas de girasol, que recuerde. Hacía tiempo que no tomaba una ensalada tan cargada. Como no conocíamos mucho el terreno que pisábamos, y la camarera no nos era de mucha ayuda, ya que a ella todo le parecía buenísimo. En un ataque conservador pedimos las croquetas caseras de pollo, que merecen la pena, y para contrarrestar ese conservadurismo, la opción atrevida fueron unos deliciosos canelones crujientes, con pasta brick, de pato y mostaza. Más que un canelón, parece que es un rollito. Terminamos las tapas con unos bastones de berenjenas con miel de caña y unas alcachofas rellenas cubiertas de queso y gratinadas.


Pensábamos terminar a lo grande cuando vimos en la carta leche frita. Automáticamente nuestra materia gris comenzó a asociar, leche frita más cocinero revelación. Aquí no hay quien comparta. Yo quiero un crujiente de leche frita con helado de turrón para mí solo. Los demás que hagan lo que quieran. Ante tan altas expectativas, el resultado fue decepcionante. Aunque admito que fue exclusivamente culpa mía por presuponer como debía de ser. La leche frita envuelta en pasta brick, como los canelones de pato, rebozado en azúcar y acompañado de un muy industrial helado de turrón. Qué pena que terminemos tan desilusionados lo que tan bien empezó, aunque quedémonos con lo bueno de la velada, la tapa que concursa en la ruta de la tapa, y la moderna oferta gastronómica que propone Francisco Pellicer a un precio muy razonable.
 
Crujiente de leche frita.

Gastrobar A Bombo y Platillo.
Pl. Adolfo Suárez, 7. Alcantarilla.
Telf.: 868 05 17 28.
 

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