domingo, 11 de septiembre de 2016

El Pasaje de Zabalburu - Murcia.



Cuantas veces me habrán aconsejado, por su calidad, ir a El Pasaje de Zabalburu. Tantas como yo había declinado. No sé bien el motivo, pero sin haberlo pisado nunca, y mira que paso miles de veces por la calle San Pedro, nunca había traspasado sus puertas. En algún momento alguien le puso la etiqueta de carísimo e inconscientemente le había echado las cruces. ”Se come muy bien, pero te levantan en peso”. Y al final se convirtió en uno de esos locales que no nos caen atrae lo más mínimo a pesar de no conocerlo de nada. Debió de ser la depresión postvacacional de septiembre, o el ambiente de fiestas que vive la ciudad lo que hizo que no opusiera resistencia cuando propusieron por enésima vez ir a El Pasaje.

Mejillones en escabeche.

Tras atravesar la zona de la abarrotada barra, en la que la parada es obligatoria para intentar ver la calidad del producto, coquinas, ostras, almejas de carril, zamburiñas… una calidad indudable, y sobre la barra, una gran dibujo a tiza en la pizarra, que anuncia la feria de este año,  llegamos a un pequeño comedor donde en apenas dos minutos nos habían sentado, tomado nota de la bebida y esperaban pacientemente a que decidiéramos que pedir. La oferta de tapas es amplia, pero al final, nos dejamos en manos del camarero, que es en la mayoría de los casos, no todos, quien sabe que hay que pedir.

Empezamos con el esturión confitado sobre una cama de tomate especiado con hierbas. La recomendación era desmenuzar el taco de pescado y mezclar con el tomate. Una auténtica delicia que seguimos disfrutando mojando el pan tostado con pimentón y aceite que acompañaba. Solamente dejamos que se llevaran el plato cuando nos quedamos sin pan y el plato sin aceite.

Esturión confitado.
También nos recomendó los mejillones al escabeche de albariño. De tamaño no muy grandes pero de intenso sabor. Incluso más que los mejillones, nos gustó el escabeche de albariño y los ajetes. Ni que decir tiene que tampoco quedó en el plato, ni escabeche ni ajos. Comernos las conchas nos pareció demasiado. Una tapa de la que todo el mundo habla son las croquetas de sepia en su tinta con un alioli de soja flambeado. Crujiente por fuera y cremoso por dentro. Entiendo por qué todo el mundo lo recomienda. También nos ofreció los “Pelochos”, una croqueta de jamón rebozada en una especie de fideos que le da el aspecto de despeluchados. En ningún momento nos dio la opción de pedir sus tapas de alcachofas, ni las que sirven con un velo de tocino, ni las rellenas de confit de pato con salsa de setas. No estamos en temporada.

Jamón, caviar y vodka.
En ese preciso momento el camarero, que en todo momento nos atendió con la mayor eficacia y profesionalidad, o la maquinita que armaba en sus manos, se liaron y trajeron el plato fuerte, una suprema de lubina salvaje, cuando aún quedaban tapas por servir. El proceso de cocción lo hacen de tal manera que los lomos, bien limpios, quedan tiernos, la piel sabrosa y la espina queda tan crujiente que la podemos comer como si fueran chips. Vamos, que no dejamos ni las raspas. Después continuamos con más tapas. La más sofisticada fue la de jamón, caviar y vodka. Una lámina de jamón envuelve a modo de canelón  el caviar. Una explosión de sabores  que rematamos con un chupito de vodka “en conserva”. Demasiado complejo para mí. Terminamos con unos montaditos de solomillo con foie y cebolla caramelizada. Tapas originales y de muy alto nivel creadas en la cocina dirigida por Manolo Castro.


De postre, probamos la tarta de queso que sirven invertida en una tarrina, poniendo la mermelada al fondo y un coulant de chocolate como mandan los cánones, que al partirlo derrame un río de chocolate. Ambos venían acompañados de un denso “pegote” de nata con unos trocitos de almendra. Siempre critico los vicios de algunos cocineros que decoran sus postres con chorro nata industrial y siropes varios adulterando el sabor del postre. En este caso en particular, agradecimos que la pusieran. No solo por el sabor, la densidad y la calidad de la nata, que casi mejoraba a los propios postres, sino que ni se acercaba al coulant, con lo que teníamos la opción de mezclar, o no.


Suprema de lubina salvaje.

Café, de puchero, no sé si por estar en fiestas o porque no lo hacen de otro modo, una breve tertulia de sobremesa sobre lo comido y bebido, en esta ocasión acompañamos la comida con unos vermuts Miró reserva, y la cuenta. Barato no fue. Unos 30 euros por persona, aunque a mí tampoco me pareció caro por la calidad de lo comido y por el miedo que me habían metido en el cuerpo sobre los altos precios de El Pasaje. Una experiencia muy recomendable por el alto nivel de la cocina que complementan a la perfección con el servicio. 

Valoración: ****

Tarta de queso.

El Pasaje de Zabalburu.
C/ San Pedro, 3. Murcia
Teléfono 662622167.


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